El hombre mediocre

Por: CREAMOS México
7 de mayo de 2011

Hace 99 años, José Ingenieros publicó este libro. Viene a colación por el difícil -muy difícil- momento que vivimos actualmente como país. Nuestro desarrollo como ciudadanos sigue en su fase infantil, de ahí que en nuestro país esté pasando lo que actualmente pasa y nosotros sigamos culpando a nuestros representantes y clase política. Ellos son un reflejo de quienes somos... y sus acciones (u omisiones) son consecuencia de nuestra decisión de salir de la esfera privada e interesarnos por la adecuada, digna y justa construcción de la esfera pública.

En estos tiempos, donde el país es históricamente jóven (y donde nos encontramos en un escenario también histórico: con debilidad institucional, con clase política mediocre a más no poder, con narco-control, etc.) URGE que cambiemos nuestro mapa mental en pos de solución de nuestros problemas colectivos (que debemos entender de una vez que éstos impactan en nuestros problemas individuales también).

A continuación un breve resumen de los principales postulados en el libro de Ingenieros.

NO ESTAMOS CONDENADOS A VIVIR EN LA MEDIOCRIDAD POR SIEMPRE. LA DECISIÓN DE ESCAPAR DE ELLA ESTÁ SOLO EN NOSOTROS.

El hombre inferior

El hombre inferior es un animal humano. Su ineptitud para la imitación le impide adaptarse al medio social en que vive; su personalidad no se desarrolla hasta el nivel corriente, viviendo por debajo de la moral o de la cultura dominante, y en muchos casos fuera de la legalidad. Esa insuficiente adaptación determina su incapacidad para pensar como los demás y compartir las rutinas comunes.

Estos, mediante la educación imitativa, copian de las personas que los rodean una personalidad social perfectamente adaptada.

El mediocre

El hombre mediocre es incapaz de usar su imaginación para concebir ideales que le propongan un futuro por el cual luchar. De ahí que se vuelva sumiso a toda rutina, a los prejuicios, a las domesticidades y así se vuelva parte de un rebaño o colectividad, cuyas acciones o motivos no cuestiona, sino que sigue ciegamente. El mediocre es dócil, maleable, ignorante, un ser vegetativo, carente de personalidad, contrario a la perfección, solidario y cómplice de los intereses creados que lo hacen borrego del rebaño social. Vive según las conveniencias y no logra aprender a amar. En su vida acomodaticia se vuelve vil y escéptico, cobarde. Los mediocres no son genios, ni héroes ni santos.

Un hombre mediocre no acepta ideas distintas a las que ya ha recibido por tradición (aquí se ve en parte la idea positivista de la época, el hombre como receptor y continuador de la herencia biológica), sin darse cuenta de que justamente las creencias son relativas a quien las cree, pudiendo existir hombres con ideas totalmente contrarias al mismo tiempo. A su vez, el hombre mediocre entra en una lucha contra el idealismo por envidia, intenta opacar desesperadamente toda acción noble, porque sabe que su existencia depende de que el idealista nunca sea reconocido y de que no se ponga por encima de sí.

El idealista

El idealista es un hombre capaz de usar su imaginación para concebir ideales legitimados sólo por la experiencia y se propone seguir quimeras, ideales de perfección muy altos, en los cuales pone su fe, para cambiar el pasado en favor del porvenir; por eso está en continuo proceso de transformación, que se ajusta a las variaciones de la realidad. El idealista contribuye con sus ideales a la evolución social, por ser original y único; se perfila como un ser individualista que no se somete a dogmas morales ni sociales; consiguientemente, los mediocres se le oponen. El idealista es soñador, entusiasta, culto, de personalidad diferente, generoso, indisciplinado contra los dogmáticos. Como un ser afín a lo cualitativo, puede distinguir entre lo mejor y lo peor; no entre el más y el menos, como lo haría el mediocre.

La rutina es la renuncia a pensar. No esperemos resultados distintos si seguimos haciendo siempre lo mismo y seguimos pensando siempre de la misma manera.